martes, 29 de septiembre de 2009
jueves, 2 de julio de 2009
226. Kings of Leon en Guadalajara
Una de las bandas más interesentes en el nuevo catálogo del rock gabacho por fin reaparecerá en nuestro país. Kings of Leon, el cuarteto que integran los hermanos Nathan, Caleb, Jared y su primo Matthew, todos de apellido Followill, se presentarán el martes 20 de octubre en el Auditorio Telmex de Guadalajara y dos días después en el Palacio de los Deportes del DF. (para terminar de leer la nota, click aquí)
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222. Papeles inesperados 1
1. Reencuentros
2. Verano de la poesía
3. Satélites
Al final de la lectura me quedé pensando acerca de lo que sucede en el mundo(illo) literario tapatio actual. En la lectura apenas unos cuantos, casi todos conocidos, practicamente nadie de una generación más jóven. Será que estarán escondidos en sus ghettos, que temen mezclarse con el "stablishment", o será que simplemente aún no termina de conformarse esta generación y por lo pronto son como satélites perdidos.
4. ¿Festival? de San Juan.
Ocioso que es uno, no pude dejar de comparar el esfuerzo, tanto del poeta Luis Vicente de Aguinaga como de la udg a través de Vanessa García, para lograr conformar un festival digno a pesar del poco presupuesto un festival digno, con lo que han dado en llamar Festival de San Juan (al parecer un reto a al creatividad que al parecer tiene que ver con el tiempo de lluvias que comienza, al menos así lo interpreto mal). Me parece que hay gente capaz y de experiencia en secretaría de Cultura como para que salgan con esto. Quizá la premura del tiempo. O cosas que una nunca entiende o llegará a saber. En particular me molestó que el correo-invitación que han mandado para invitar a participar en las actividades de este festival comienza con: "En apoyo a los artistas jalisciences". Que alguien me diga en que consiste ese apoyo. Mejor hubiera sido que dijera lo de siempre, que fomentan nuevos públicos, que le dan espacio a actividades diferentes a lo habitual.. aunque a fin de cuentas, ¿no es acaso esto lo habitual?. Y no es que se necesite en realidad de mucha imaginación. Al menos el Verano de la poesía sin mucho aspaviento ha logrado convocar a lo largo de una semana a un par de excelentes poetas, a lalgunos representantes de las nuevas generaciones de poetas no sólo de la ciudad, sino del país, a la poesía alemana contemporánea, a diversas editoriales... en fin... pero bueno para que enojarse, mejor reír que toda la actividad literaria del festival de San Juan consista en un box de poesía donde lo que más importe sea la manera de declamar y disfrazarse que la poesía en sí.
6. Para algunos
7. No hay cámara
8. Vecinos en alerta
9. Obras incompletas
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141. RESTOS XII Aniversario
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132. Aún en la resaca... (usted disculpará)
Para no olvidar
Miércoles, 15 Octubre, 2008Aún resuenan los ecos de “El salmón”, “Flaca”, “Tuyo siempre” y todas las demás canciones, una a una de las 30 listadas. Todavía se pone la piel chinita. El Teatro Diana, y por dos días, se convirtió en un templo rocker, visitado por cerca de cinco mil personas, que literalmente adoraron la figura de Andrés Calamaro. Por fin, el excepcional músico argentino ya no es más la estampita impresa en las portadas de sus discos. Ahora ya sabemos lo que el señor front man hace arriba del escenario.
En verdad que no recuerdo, en la ciudad, conciertos de rock tan fervorosos como los del pasado fin de semana. Uno tras otro. En el del viernes, la gente no esperó que el show llegara a sus mejores momentos para levantarse de las butacas. Muchos recibieron de pie y a grito abierto a Calamaro y sus seis musicazos antes de que soltaran la primera nota. En la sesión sabatina, la cosa tardó en calentarse, pero el cierre fue avasallante.
Andrés y su banda propusieron contundencia, un sonido enérgico y robusto, que en gran parte de la tocada fue abanderado hasta con cuatro guitarras, y secundado por bajo, batería y teclados. Tal batallón, inevitablemente, sacudió a los presentes, incluso a muchos jóvenes, que sin poder ni querer evadirlo, cayeron atrapados en las redes del cantautor.
El manojo de canciones fue abundante. El repertorio en las dos fechas fue idéntico, salvo “En el último trago” y “Costumbres argentinas”, que cantó a capella el viernes y el sábado, respectivamente. Calamaro debía ser generoso, luego de no presentarse nunca en México, y cumplidor, entregó hit tras hit, más temas recientes. Se le veía sorprendido. Ni él, ni muchos como yo, nos esperábamos tanto cariño desbordado. Un acetato de José Alfredo Jiménez, una playera de la selección mexicana, una máscara de luchador, un sostén, la tricolor y albiceleste enlazadas y hasta porras futboleras fue lo que se llevó el argentino como regalo.
Yo les pongo la etiqueta de memorables a ambas presentaciones. El público salió del lugar como si le hubiesen bajado las estrellas. Según Andrés, a él y su grupo los hicimos sentir unos “putos dioses del rock”. Así lo señaló en su blog. Podría quedarse desde ya como el show del año, pero habrá que ver lo que sucede el domingo en el Motorokr. Ahí nos vemos.
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129. Jugar con fuego
1. Introito (antes del primer movimiento / antes de que la realidad nos alcance
(como ya nos alcanzó))
Deseaba escribir este post para aprovechar la fiebre calamaresca, el éxtasis, la resaca de la flotación, pero la mañana nos toma con la nota de un par de granadas detonadas en pleno centro de la ciudad... procurando pues rescatar algo de la pasión de la noche del sábado he aquí las siguientes líneas:
2. A manera de prólogo (los preparativos)
Comenzar diciendo que esa noche nuestros caminos todos llevaban al Diana: la comida opipara en Hosteria 10, el tinto demasiado jóven en casa, los nervios y la expectativa, el magma moviéndose en las venas, lento, ardoroso pero callado. Los autoconvocados formando grupitos a la expectativa, sonrientes pero ansiosos, ansia en la explanada del teatro, en el aire un ligero olor a tabaco y la urgencia de entrar, de estar ahí. Descubrir que nuestros lugares no estaban tan mal, no tan cerca como se deseaba, pero bien ubicados. Imaginé que me encontraría con muchos conocidos y sin embargo no fue así, apenas un par de saludos. Hasta tiempo hubo para ir a hacer larga fila para comprar cerveza. Regresar a la sala con preguntas silenciosas sobre el repertorio. Las apuestas: si toca está de seguro me derrumbo, con esta bailo, esta la canto... Dudas sobre la fuerza interior personal, una leve incertidumbre provocada por las sombras de un pasado no tan remoto.
3. Jugar con fuego
Para vos...
Y la oscuridad se hizo a la par que la explosión en grito del público que brincó de inmediato de sus asientos. Se corre el telón: en el escenario los instrumentos esperando las manos que habrían de transformarlos en extensión del cuerpo para cantar el encuentro. Por uno de los lados del estrado aparece Andrés enfundado en oscuridad y de lentes también oscuros ante el furor de la gente en el Diana. Trás él la banda, hoy sí hay banda, y comienzan los primeros acordes, acústicos, reposados, de pronto se hace la luz de colores y el rock. Las primeras frases de El Salmón y el primer guiño (como lo había hecho el día anterior) al público mexicano (una mención a Villa). Se notan las tablas que dan veinte años de ausencia. Y como buena costumbre en los conciertos importantes no hay palabras para el público mientras se suceden canciones: Tuyo siempre, que nos derrumba y nos conquista y varias de la Lengua popular como Los chicos y mi Gin Tonic, donde al fin saluda y se presenta y agredece como lo haría muchas veces a lo largo del concierto. Mi memoria no es fiel, entre la emoción y el canto olvidé el el orden cronológico de las canciones, pero a quien le importaba el orden si lo que contaba era estar ahí. Para qué palabras cuando un trío de potentes guitarras puede decir más. Sería un viaje por lo nuevo y lo anterior, por la nostalgía y la felicidad, por la voz casi a capella y la estridencia rocker. ¿Quién dejo de cantar en ese lapso de tiempo, paréntesis extasiado, en esos -dicen- poco más de 120 minutos? ¿Quién retornó a su asiento? De principio a fin apenas una pausa, un medio tiempo en el que nos presentó a sus músicos, para entonces ya habíamos volado con Los Aviones, visitado a Elvis, Asado la manteca y retornar con los poderosos acordes de El día de la mujer mundial. Nueva pausa mientras descansa la banda, al teclado Tito Dávila (ex, o parte de enanitos verdes) y la sección de tangos que no podía faltar, para los puristas un atentado, para sus incondicionales una manera única y apasionado de cantarlos: Es inmoral sentirse mal por haber querido tanto, debería estar prohibido haber vivido y no haber amado por eso tírame un beso, que he sido preso de nuestro encierro... Jugar con fuego... tras los tangos Estadio Azteca y por poco el Diana se viene abajo, pero aguanto a pie firme y después los brincos en Alta suciedad, y los de Sin documentos y la tristeza de Crímenes perfectos. Todos amarrados a nuestros lugares y clamando en lo hondo que no llegara el final, que Andrés no dejara de cantar mientras nosotros, su público, siguieramos gritando, alzando los brazos desde las plateas hasta el último de los asientos de las más lejana fila, cantando a la par de él, cada uno un Salmón.
Fueron alrededor de treinta canciones, poco más de dos horas de gritos, baile, lágrimas, algunas torrenciales, otras más discretas, descubrir que se puede paladear la nostalgia cuando ya uno es fuerte ante el dolor de algunos recuerdos. Cuando uno es. Noche de intoxicación musical y sobredosis masoquista vertida en alivio. No sólo escuchar: transmutar: llegar siendo de una manera y partir diferentes, quizá hasta irreconocibles. Y mientras esto ocurría en el interior, sobre el escenario llovían corpiños, banderas mexicano-argentinas, playeras de la selección argenta y hasta una máscara de luchador color rubí.
Es verdad, si hubiese cantado Media Verónica, Ok perdón, o La Trampa se nos cae el teatro. Paloma fue suficiente para salir vibrando con esas guitarras que por momentos avasallan la voz, dolorosas cuerdas que transportan a noches de desvelos y temor. Y del fondo del esófago, directo al cráneo, un ¡Suficiente!, enérgico, a esos recuerdos. El esperado Andrés transformado en gusto por la vida, logró decirle a la oscuridad ¡basta!. El resto es propio: pensar, esperar que lo bueno de la vida, lo mejor, está por venir.
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128. Faltó Media Verónica...
Aún con la resaca musical, y sin palabras propias, sabra Dios si habrán de llegar a mis dedos, dejo, antes que nada lo que Calamaro expresa en su blog, para después transcribir la reseña del primer concierto hecha por el buen amigo Ricardo Solis en La Jornada, aunque acotando que si bien es verdad que el viernes fue la primera vez que piso tierra mexicana, fue el concierto del sábado, y asi lo creo cabalmente, el verdadero concierto de apoteosis en tierras tapatías, pues, no olvidemos el Sold out inmediato que provocó. No digo más... seguimos en la nube.
Del blog de Andrés:
xtc tapatio !!Lo que escribió del concierto del día anterior Ricardo Solis (La jornada). Al parecer cambio el repertorio...
12 de octubre
la segunda noche en el teatro guadato fue de apoteosis ...
fue un estalido de gloria explotandonos en el pechito, un publico que soñaria mick jagger ... corpiños voladores, banderas mexicargentinas, discos de jose alfredo, manos arriba hasta en el ultimo palco y en el superpullman, desde la primera fila hasta la ultima bandeja las gentes se entregaron, aunque exigentes, a cada nota que les supimos brindar, al principio elegantes y rockeros licuados al final ....
todos nos quedamos con la sensacion del tiempo recuperado, prometiendonos volver
volver y volver ... a los brazos tapatios otra vez ... guadalajara, gracias !
fueron ustedes un publico entregado, calido, caliente ... y nos hicieron sentir putos dioses del rock.
ametralladoras !
Sin dificultades, el intérprete argentino hizo comer de su mano a la audiencia
Noche de fiesta en el encuentro de Calamaro con sus fanáticos tapatíos
RICARDO SOLIS
Para Miss K. que no quería estar ahí…
La primera vez que Andrés Calamaro se presentó en vivo ante público mexicano no pudo resultar más significativa: auditorio abarrotado, público emocionado, gritos, empatía y corifeo extático. De esa manera podría resumirse el encuentro entre el intérprete argentino y sus fanáticos tapatíos; pero no se reduzca a sólo eso, no señor.
No resulta extraño para el célebre músico que, para atacar un concierto en terra incognita, se debe hacer lo que se viere (o suponga) y, dado el caso, se enfundó la casaca nacional y comenzó su programa con icónica mención a Pancho Villa. Secretos no parece haber para quien ya pasa de dos décadas pisando escenarios del continente entero.
Por supuesto, el acólito de mediana edad no debió sorprenderse mucho con la aguda gritería eufórica de algunos, prospectos de groupies que –muy probablemente– apenas gateaban (o estaban por nacer) cuando Calamaro ya entonaba algunos de sus primeros éxitos con Los abuelos de la nada.
Y, claro, cómo pasar por alto que el (a su pesar, según dice) célebre argentino muy pocos pares tiene a la hora de combinar su lenguaje sencillo con la sofisticación significativa que (en la mayor parte de sus canciones) logra el golpe evocativo, la emotividad contundente de aquellos que –en el Olimpo de los escuchas– tienen sitial ganado a pulso y consistencia.
Calamaro, pues, permitiéndose el símil con su conocida rola sobre el Pelusa (y ajustándose a su sabida pasión futbolera), “tiene el don de tratar muy bien al balón en su terreno”, justo un terreno es el escenario para quien llega y sin pérdida de tiempo ataca la guitarra al lado de la banda para que el respetable haga retumbar un recinto que –por un instante– alguien tal vez juzgó equivocado para el evento.
Celebración. Y cómo no, si a la capillita por fin le había llegado su fiesta, su oportunidad para desgañitarse al ritmo de cada ejecución de un Salmón que, sin dificultades, hizo comer de su mano (río abajo, como bajo encantamiento) a la audiencia que pidió más, más y más a su ídolo.
Por supuesto, bien distingue a Calamaro que no peca de avaro y, además de sus propias creaciones, entonó algunas de otros reconocidos compositores (Sabina, por ejemplo) y su admirable conjunto de tangos que, así su propósito funcional haya sido permitirle descanso a sus músicos, no sobra quien coloque como sus versiones preferidas (cómo mejorar esa versión de Copa rota, carajo).
Además, no puede evadirse que –adeptos o no– lo que identifica a Calamaro con aquellos grandes trovadores de la memoria y el estrago es, precisamente, activar el recuerdo en si signo de regocijo o pesadumbre, en su rasgo de risa compartida o llanto tremebundo para cualquiera que se sienta “el arquitecto” de “lados incorrectos” (comandar la “parte de adelante” es detalle para el pulso personal de la dulce desgracia).
Bajo la sensación de estar “viajando en un asiento de primera”, no era raro distinguir de pie a la mayoría, bailando, haciendo la mala segunda, gesticulando en el anhelo de que –tras sus gafas oscuras– el intérprete dejara escapar algún ilusorio, ficticio rictus de asentimiento o complicidad, un instante para nutrir futuras leyendas negras, oscuras y falaces oraciones para la sintaxis de un recuerdo.
Haciendo eco (de nuevo) de la imagen que de Maradona hace Calamaro, no debe ignorar que –lo mismo que aquél– ofrece “alegrías al pueblo”, de modo que la evidencia de su frenético padrón no debió sino reposar de sus frases de agradecimiento, su afán de moverse por el escenario a cada grito que confirmaba el acierto de su provocación.
Borradas sus figuras tutelares de otros años (quién pensaba entonces en Páez, García o Spinetta, demonios), Calamaro ha instituido su propia grey, renovada y fidelísima, que le ha dotado (a su pesar, asegura) de un aura, un tinte de rockstar amargo e inusual (pero muy adaptado, por lo visto, al mainstream musical).
Seguramente, la segunda fecha de Calamaro en el Teatro Diana (ayer) debió ser similar, aunque sin la ligera distinción de ser la primera vez que tocaba en suelo mexicano, justo en tierra tapatía, lar de intenso fervor para más de una figura (musical o no, aunque siempre elaboración, efigie fabricada con la confusa carne de lo que otros dicen al respecto). Salve, Salmón (que ha sabido dejar a su público sin saber si estaba despierto o tuvo los ojos abiertos). Esperan, seguramente, “más aeropuertos”.
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127. Calamaritis Aguda
No hay plazo que no se cumpla...
Hace un par de años, sugerirlo era como hablar de un sueño lejano; pero sí, había algunos soñadores. Por supuesto eran otras épocas y otros momentos y no había Lengua popular, y apenas se prefiguraba el ritmo frenético de conciertos que hay en la actualidad. Era como tema
de conciliábulo al final de alguna fiesta. Cuando hubo una luz de esperanza llegó Charito. Y así... sin embargo las señales eran cada vez más claras, a pesar de las sonrisas irónicas cada vez que se comentaba en público: ¿Quién irí a verlo? ¿Calamaro, ni fans tiene...? No va a vender ningún boleto... La primera cita será está noche, aunque como ocurrió hace casi dos años con depeche, la verdadera cita es en el DF, primera fecha que se anunció, y la del sábado, ambas con boletaje agotado. Y sobre que no hay fans... conozco a varios, que van a dobletear concierto... afortunados ellos...
Testimonio de un converso
Dicen que los conversos se vuelven aún más creyentes que aquellos que vieron luz dentro de algún culto. Me declaro converso al respecto de Andrés. Hasta hace unos cuatro años, salvo una que otra canción (que tenían que ver más con Los rodríguez), Andrés me parecía más un cantautor tipo Arjona (sí, arrójenme al infierno, quémenme en aceite...) que un rockero. Recuerdo mis discusiones con algunos de mis amigos (Brita, entre ellos) que insistían en escucharlo en el viejo depto de Morelos, lo que hacía no de muy buen talante. Hasta que, gracias a Ruth y al buen Maldonado, y a El Cantante, el disco de covers editado en 2004, fui entrando al entorno Calamaresco de manera más consciente. De aquí vino el brinco al disco en vivo con la Bersuit El regreso, luego los tangos de Tinta Roja, El Palacio de las flores (que no me convenció del todo), el DVD Made in Argentina, que fue el que me encadeno de manera definitiva y finalmente La lengua popular, que salvo el track de Sexy y Barrigón me encanta todo. Mucha de su música me gusta, sin embargo no me caso El Salmón, creo que es demasiado para sostener un mismo ritmo. Lo veo más como un documental demasiado personal que sólo algunos se pueden dar, un blog musical en el que se postea hasta tres o más veces al día.
Epílogo redundante
Varias de sus letras y canciones formarían (indudablemente) parte del soundtrack de una temporada de mi vida: soundtrack que hoy puedo escuchar desde la distancia que da el tiempo y los aprendizajes, saborear el dolor convertido en nostalgia tranquila y cantarlo con alegría y pasión. Transmutar ese dolor de antaño en bienestar presente y futuro, saborearlo como una comida que recordamos mojándonos los labios con la lengua, salivando agualaboca pero que sólo muy de vez en cuando nos permitimos volver a probar.
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101. Boletos a largo plazo
El buen Rubén escribió un artículo la semana pasada en su columna de Público con la que estuve bastante de acuerdo, y por lo tanto me atrevo ahora, con su permiso, a colgarla del blog. Invito a su lectura todos los miércoles.
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Ya es de todos sabido que la cartelera de conciertos en Guadalajara ha incrementado bastante su oferta, con respecto a la de otros años. Este 2008 seguramente cerrará como el más activo en ese departamento. Bob Dylan, Sigur Rós, Smashing Pumpkins, Mogwai, Jay Jay Johanson, Underworld, Moby y más estrellas provenientes del extranjero ya pisaron suelo tapatío en distintos momentos del primer semestre, y el segundo también promete calidad y cantidad.
Hasta aquí todo bien, pero no en lo absoluto. Hace unas semanas, Alfredo Sánchez en su columna de los lunes comentaba lo mismo. De alguna manera agradecía la variedad de opciones, pero citó, como puntos en contra, el alto precio de los boletos, la falta de educación del público que va escuchar música en directo y otras decepciones. Yo me uno a la especie de gratitud, estoy de acuerdo con lo otro y además agrego una contrariedad: el pago tan anticipado de los boletos.
Para comenzar habría que poner al frente a Ticketmaster, la empresa responsable de la absurda mecánica de vender entradas, cuando faltan hasta cinco meses —caso Madonna— para la realización de un concierto. Por un lado, la gente misma apoya la estrategia al agotar los boletos en minutos, aunque también es verdad que no queda de otra, como justamente quedó comprobado en los conciertos que la diva ofrecerá el próximo noviembre en DF. Después de todo, los fanáticos no quieren pasar por la incertidumbre que provocaría comprarlos (o ya no), días o semanas posteriores.
Hagamos cuentas y una selección de conciertos que se avecinan en Guadalajara. En lo personal elegiría los shows de Julieta Venegas (1 de agosto), Andrés Calamaro (11 de octubre), el Motorokr Fest (con Nine Inch Nails, The Flaming Lips, MGMT, Paramore, The Kooks, Stone Temple Pilots y Mindless Self Indulgence, el 19 de octubre), Fabulosos Cadillacs (12 de noviembre) y Oasis (28 de noviembre). Si quisiera tener la mejor localidad en todos, gastaría alrededor de 4 mil pesos, que dosificándolos, según se acerque cada concierto, hay posibilidades de pagarlos. Pero aquí, la cosa es que Ticketmaster obliga a adquirirlos con mucho tiempo de antelación, y en ocasiones sin suficientes días de respiro, como sucede con los conciertos citados, cuyas preventas se acumularán entre junio, julio y agosto. Extraña manera de operar la de esta empresa, que bien podría ser cuestionada por sus usuarios. No estaría mal enviarle un mensaje al personal de Ticketmaster (www.ticketmaster.com.mx) y preguntar al respecto, por su plan a largo plazo. Luego van a cobrar la semana siguiente por un concierto del año entrante. Sí, yo espero, y hasta con ansia, ver a Calamaro y los Flaming Lips, pero de aquí a octubre tendré sólo un par de papeles y 2,000 pesos menos en la bolsa. Es absurdo. Tanto como si alguien invitara a su cumpleaños del 2011, sin antes pasar por los próximos.
rubenrodriguezmaciel@yahoo.com.mx
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81. La lengua popular
crucemos los dedos para que se lo traigan también para aca...antes de comprar los boletos... que onda con el Metropolitano de estos rumbos... a ver si se ponen las pilas...
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78. Sino
La noche del pasado sábado 29, ante un abarrotado Auditorio Metropolitano se confirmo que Café Tacuba, sin lugar a duda, es el grupo de rock alternativo de México más importante : no sólo por el lleno total, con boletos agotados desde días antes, o por la entrega del público que coreo canción a canción a partir de las 20:45 horas, momento en que dio comienzo el concierto, hasta cerca de la medianoche sin parar, sino por la energía y acoplamiento mostrados sobre el escenario que demuestran que los tacubos no le piden nada a ninguna de las bandas extranjeras que ha pisado en ocasiones anteriores el mismo escenario.
Son casi 15 años desde la vez en que la explanada de la FIL recibió al entonces incipiente grupo de ciudad satélite en la ciudad de México. La voz de Rubén Albarrán (ahora Cone Cahuitl) ha pasado de los gritos y problemas de respiración a un manejo único de su característico timbre vocal que brinda el sello a la mayoría de las interpretaciones del grupo, pues ahora también es acompañado en algunas canciones por otro de los integrantes de la banda: Meme. Lo que no cambiado son los brincos, la hiperactividad, el diálogo con el público, los muchachos como les dice Cahuitl, la parafernalia que es en sí el café Tacuba en concierto y que ya se extrañaba, a pesar de una fugaz presentación apenas unos meses atrás, en un concierto en donde compartieron escenario con algunas otras bandas.
Aunque venían promocionando su más reciente material (Sino), y fue con las dos primeras canciones del disco con las que comenzaron, lo que vino a continuación fue una avalancha de canciones, todas de una u otra forma éxitos de su trayectoria que alcanza próximamente las dos décadas. Tres veces volvieron al escenario exigidos por ese público que pedía más y más canciones. Paciencia les pedía Cahuitl en su papel de guía, habría tiempo para todo, y vaya que lo hubo.
De todo: desde las piezas más guitarreras que pusieron a brincar a los asistentes, hasta una sección con las baladas más queridas por los seguidores de la banda, momentos de alta tensión emocional pues en completa oscuridad, el grupo se vio envuelto en una especie de malla luminosa que al encender sus focos creaba imágenes de fantasía mientras la música era coreada por la mayor parte del auditorio.
Otro de los momentos cumbres se dio en la interpretación de La chica banda: el vocalista, pidió a las chicas de las primeras filas que subieran al escenario “a armar desmadre como buenas chicas banda”. El escenario fue colmado por más de treinta jóvenes que interactuaron con los músicos hasta el final de la canción.
Trás poco más de tres horas de cantar, dar traspiés, filosofar, complacer con algunas piezas fuera del repertorio preparado como las ya clásicos Rarotonga, o Las persianas, e incluso darse el lujo de subir a uno de los balcones a cantar rodeado de su público, café Tacuba se despidió de los tapatíos, que sonreían satisfecho cerca del paroxismo, prometiendo volver muy pronto.
Esta vez las luces se encendieron, ya no habría encoré, pero lo que recibieron esa noche a cambio fue una dosis del mejor rock que se hace actualmente en México.
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