jueves, 17 de enero de 2008

68. Kafka


En una lejana galaxia de cuyo nombre no quiero acordarme, existió un joven caballero, paladín de mil batallas, que debido a su corazón ingenuo fue llevado a un duelo injusto por sus protectores. Apenas un pálido reflejo de la sombra que esconde el buen siervo del monarca. El que le paga a los guerreros, el que reparte el oro del Rey, el de las dádivas. Trás la franca sonrisa la burla. La afable palabra se desgrana lentamente en una lengua venenosa. La guardia cómplice espada en mano se abalanzaron contra el ingenuo joven de las batallas perdidas. Los protectores del joven optaron por abandonar el reciento sin abogar por el protegido, sin retirarlo. Vil carne para los perros hambrientos su cuerpo fue arrojado al polvo. Derrotado debe curarse las heridas o morir. Será impaciente y pronto volverá a las andadas. El obispo debería canonizarlo, pedir una colecta para hacerle una estatua junto a las de los infantes mártires de la avenida Lafayette. Un mártir para la alta raza de jovenes guerreros, hijos destacados del reino. Un santo al cual encomendarse.

Que la rapiña continúe.

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