miércoles, 16 de enero de 2008

67. Sobredosis para un amanecer lunar

1.
Visité a mi padre:
Me sugirió que lo mejor para mi era llevar una vida convencional.
Que dejara de hacer libros
pues los libros sólo me han conducido a perder dinero
y adquirir deudas.
Me dejó pasmado.
Me negué rotundamente, sin palabras, sólo moviendo la cabeza de un lado a otro.

Ah soledad,*
mi soledad amiga, lávame
como a quien nace, en tus aguas lustrales
y pueda yo encontrarte,
descender de tu mano,
bajar en esta noche,
ahora, en esta noche,
en esta noche séptuble del llanto,
los mismos siete círculos que guardan
en el centro del aire
tu recinto sellado.

2.
Habla el editor:
-Verdad es que se han perdido muchos denarios en los quehaceres de los libros,
que algunos prestamistas me persiguen
y los negocios no son mi fuerte.
Pero dejar de hacer lo que apasiona
la simple idea, pensarlo, congela la sangre.
Hay cosas vitales e imprescindibles
aunque en ello se nos vaya la vida.

Va a caer el telón.
La sombra
va a caer otra vez sobre la sombra.

Aplaudo solo en la sala repleta
de espectadores muertos.

3.
De casa de mi padre me dirigí a la plaza:
La fiebre decembrina ha pasado.
Los pasillos lucen transitables.
Es martes, lo era...
hoy puede ser un día cualquiera, cualquier día.

Efemérides

Salir al fin al día,
al día vegetal,
al fin,
seguro,
sentirse bien,
reconciliado,
radiante al fin, seguro
de no morir o de morir,
al cabo
tan seguro de sí, de no, de todo,
al día vegetal, al día, al nada.

5.
Dice el poeta:
-Le entregué un disco con música de andrés, una carta y un poema:
-
-Siempre huye. Seguramente ahora se distanciará y va a desaparecer hasta la próxima vez que necesité alguien que la escuche.
-
Ahí estaré...

Esa mujer que lloraba en mi cuarto
¿era el recuerdo de un poema
o de uno de los días de mi vida?

6.
Continúa:
-Pero algún día quizá ya no me encuentre...
-¿Sucederá?- pregunta una voz a la distancia.

Muerte y resurrección

No estabas tú, estaban tus despojos.

Luego y después de tanto
morir no estaba el cuento
de la muerte.
Morir
no tiene cuerpo.
Estaba
traslúcido el lugar
donde tu cuerpo estuvo.

La piedra había sido removida.

No estabas tú, tu cuerpo, estaba
sobrevivida al fin la transparencia.

7.
El lector:
-Leo Apuntes de un anatomista de ciudades de León Plascencia Ñol. Me acompaña en esta tarde de frío y camiones mientras tarareo Mil horas de Calamaro

8.
Lo que me agrada de la escritura de León es la manera en que va construyendo imágenes. La palabra resulta insuficiente para nombrar lo que se contempla. Balbuceo. Sí. El estilo de León me agrada.

9.
El escritor:
-Mientras caminaba las ideas fluían, palabras e imágenes en dulce matrimonio. Lejano el cuaderno de notas, las dejé escapar mientras Lisboa y los heterónimos del poeta y los alcóholes deambulaban por mi mente en las calles ¿ordinarias? de esta ciudad.

10.
Y pensaba también en los viajes literarios, en las pistas que deja un escritor para llegar a otro. Rastros. En las claves entre líneas, el idealismo, la poesía. Sí, las palabras son insuficientes y una bruma nos oculta la ciudad a la mirada.

10bis
la poesía:
Quisiera borrar estos ruidos de fondo. La poesía no es ruido
(León Plascencia Ñol).

* Los poemas en cursiva son del poeta José Ángel Valente. Las indentaciones de los poemas fueron eliminadas por Blogger.

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