viernes, 19 de septiembre de 2008

114. Figura P(oé)atética

Toda la noche han estado rondando mi cabeza: sonidos guturales, voces desvanecidas, palabras vacías de significado. Más de 36 horas sin dormir y el cansancio de tan grande que a su vez no deja dormir. La grandilocuencia pedante indicaba iniciar con una frase homérica: Canta Oh Musa la cólera del pélida Aquiles. En seguida el discurso habría de tomar el camino de ensayo literario en el que se hable de los griegos y su estoicismo frente a la ineludible frialdad del destino y la ineludible frialdad de algunos ojos (léase de los dioses). Después una plegaria a las Benévolas para contar con su venia y explicar los enredos de Orestes y su disyuntiva a partir de la venganza y el dolor. (Entre paréntesis: una disgresión sobre los apartados del dolor y el llanto como paliativo en algunas ocasiones y el odio y la ira como motivo enmascarador de la tristeza). Retomar el tema principal para extenderse sobre los amores tortuosos entre dioses y hombres. En el deseo: como este provocó el enamoramiento de la reina de Creta hacia famoso toro no ofrendado a Neptuno, y como de esto nació el minotauro. Del laberinto creado por Dédalo y su famoso escape creando unas alas de plumas y cera. Del hilo de Ariadna y de Teseo y cómo después el buen Teseo abandona a Ariadna para irse con otra que le gusto más labrando en ello su futura e ineludible tragedia. En fin, pura finura mitológica. Pero esto no pasa en la vida real. La realidad tan absurda y tan diversa para cada uno. Tampoco cabe duda de que el sol, su brillo, su calor, es la perdición de muchos y en ese caso abundan los Ícaros. Para mi desgracia rondan en mi cabeza unos versos que no transcribiré de Roxanna Elvridge Tomas al respecto de lo que en su caída mascullaba Ícaro. Retomaría una vez más el ensayo para denostar el tema de los edipos y electras. Por supuesto sin ningún otro fin que remarcar la cuestión ineludible (again, and again, and again) del destino: la edípica seguirá buscando al padre en todos sus amantes, el eléctrico no termina de enterrar a la madre muerta y espejearla a su vez en sus amantes: en cada partida y duelo, Mientras la Erinas juguetean con todos ellos, terminaría simplemente aceptando que uno esta vacío y destrozado anímicamente y que mientras el vacío continue, este blog, estas supuestas verdades, habrán de ser enterradas por la pátina de los días hasta que un arqueólogo lo traiga de regreso y lo desempolve.

P.D.
Ser poeta es "regalar el corazón para que lo arrojen a los perros"

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