lunes, 20 de noviembre de 2006

A una muchacha que leía Rayuela...

A una muchacha que leía Rayuela
en Vallarta y Chapultepec


De pronto fue ver pasar los años
La muchacha sentada en flor de loto sobre la banca
leyendo la nueva edición de Rayuela con una pintura de Modigliani en la portada
Retroceder diez años o un poco más lejos
ver en sus rizos castaños y la mirada perdida los mil rostros reflejados
en un autobús que iba del centro de la ciudad al sur poniente,
al encuentro con el deber y el que tenga tienda que la atienda
Los mil rostros del tiempo, de entonces a la fecha
a una chica hermosa con el cuaderno de apuntes y su risa
sus pasos rumbo al departamento en un callejón cerca de la avenida México
donde la madre patria y el obelisco
Here is the house sonaba en ese entonces y desde el mundo, premundo,
calles que se han desdibujado para dar paso al nuevo siglo
Aquello es leyenda, polvo negro en las páginas de los cronistas
El mundo que no cumple las promesas, el mismo corazón roto,
la semejante hendidura en la piedra, en el concreto.
Esa muchacha sentada en la banca de la esquina soy
y todos los que entonces abrigamos sueños y fantasías
el mundo adulto aún era espejismo y nada era en serio…
al mismo tiempo nada ha cambiado la búsqueda
dónde está ese pasado que era el futuro prometido…

Cuantas bocas se han dibujado desde entonces, cuántas veces el juego del cíclope, de los cuerpos desnudos, de ir a la ventana en plena madrugada a ver pasar la noche y saber que el espejismo de la felicidad ha pasado.

Aquí están los puentes para cruzar de una ventana a otra
y quedarnos a la mitad
a un paso del abismo, a un paso de trasponer la barrera del otro.

Porque un detalle puede contener tanto,
una bala en reversa, la dispersión del pensamiento
una muchacha sentada en una banca, indiferente al tráfico y al paso
de los que venimos escondiéndonos del mundo.

Y en ese paréntesis de diez años, sucumbir a los recuerdos
socavar, descubrir, abrazar
Lo que se ha ido disfrutado está y ése es un viaje, una escala si se prefiere,
somos parte del paisaje de la fotografía. Somos imagen.

Y a veces, en la tarde noche de domingo, mientras Rayuela,
una especie de comienzo, detonante de historias infinitas,
reposa en el librero, querer encontrar el hilo negro,
(al menos alguien del otro lado de la línea telefónica)
y preguntar
¿encontraré a la maga? ¿encontraré a la maga?

Seja o primeiro a comentar

Page rank

G E O G L O B E

Contador de visitas

FEEDJIT Live Traffic Map

Experimentos con la verdad © 2008. Template by Dicas Blogger.

TOPO